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lunes, 11 de diciembre de 2023

Homenaje y museo para un familiar



Aunque me entero un poco tarde, nunca lo es para dar el espacio y respeto respectivos a cualquiera de mi parentela. El cinco de noviembre de dos mil veintidós, la Dirección de Turismo del gobierno de/ Zacatecas realizó un reconocimiento póstumo al Coronel Rafael Cervantes Acuña (23/09/1931 - 9/08/2022), primo hermano de mi padre, José Antonio de la Vega Acuña, quien viviera su niñez en Nochistlán, en lo que hoy es la Casa Museo, y destacara siendo Embajador ante la República Oriental) del Uruguay, Diputado Federal y Senador de la República.

De acuerdo a lo relatado por el boletín de prensa gubernamental, "en el nombrado acto se tuvo la presencia la Sra. Doménica de Cervantes, viuda del Coronel Cervantes Acuña y sus hijos, quienes con gratitud donaron al museo, inestimables pertenencias del Coronel para montar una nueva exposición".

En palabras del C. José Manuel Jiménez Fuentes, Presidente Municipal de Nochistán, “el Coronel tuvo una trayectoria muy grande y buscó siempre lo mejor para los zacatecanos”. En el acto conmemorativo el alcalde entregó a la familia un reconocimiento en alusión a la trayectoria político-militar del tío Rafael.



Por su parte, el Lic. Enrique Reyes Durán, Cronista Municipal mencionó: “A nosotros los nochistlenses, nos llena de orgullo saber que tuvimos en el Crnl. Cervantes a uno de los embajadores que más apoyaron al favor de la vida de los demás, no solo poniendo en alto su pueblo y Zacatecas, sino al país”.

El reconocimiento finalizó con la revelación de la placa biográfica del tío Rafael.


(Información tomada del boletín de prensa del ayuntamiento de Nochistlán.)

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Otras referencias halladas por ahora en relación al tío Rafael Cervantes Acuña:

lunes, 6 de noviembre de 2023

Calima: una saga algo más que familiar


Como he comentado a propios y algunos extraños, desde el año pasado dos mil veintidós me puse en forma a redactar Calima, una saga de novelas que contiene no solo el producto de mi imaginación y fiebre literarias, sino que se basa en muchas de las anécdotas y leyendas que mis ancestros contaban en las reuniones y sobremesas, o recuerdos personales y de los todavía vivos, los cuales trato de reunir aquí con otra lógica.

La historia de mi familia es una que, por lo pronto para mí, me resulta fascinante no tanto o solo por las narraciones individuales o de grupo, sino porque implica todo un estudio de antropología familiar, de psicología familiar. Es más que abordar una prosapia, más que descubrir lazos genealógicos, linajes, heráldica, genética, significa con mucho adentrarme en la historia misma de mi país y aún más allá.

Comencé a interesarme en estos temas desde muy niño, pero no fue sino hasta mediados de la década de mil novecientos noventa que tomé la franca y determinante decisión de meterme de lleno a hacer algo más que armar un simple árbol genealógico.

Calima pasó de ser primero parte de un proyecto de maestría en Antropología Social, para convertirse en un reto personal que involucraba sacar adelante un amplio conjunto de proyectos literarios de cuentos, ensayos y novelas guardados en el cajón, y los cuales decidí ligar con parte de la historia familiar tomando como pretexto de anclaje y punto de partida mi autobiografía, la que quizás no sea memorable para alguien, pero para mí lo es y basta. Ello ha implicado un enorme esfuerzo de imaginación, organización de los materiales y apuntes para ir dando forma a una versión personalísima de mi prosapia.

Por supuesto se entiende que en el camino y en la medida de mis posibilidades he investigado en documentos, archivos diversos, he preguntado a ancestros, familiares, visitado museos, sitios varios, grabado sus leyendas y anécdotas, conjuntando todo, procurando dar una coherencia y congruencia que permita dar a conocer y entender a propios y extraños las razones por las que considero fascinante la biografía de mi familia. Me ha implicado descubrir, revelar o cuidar los secretos (que nunca faltan) para hacer la historia, incluso dentro de la ficción, una verosímil o incluso corroborable, aunque también respetando algunos misterios como recurso literario y en apego al derecho individual de quienes pudieren verse afectados en su susceptibilidad, dignidad o derecho. Algunas leyendas que tocan la historia de México o de España u otras localidades podrán ser contradichas, seguramente, pero tal como las registro conforman por lo pronto mi verdad familiar, sin que ella la valore como absoluta.

Junto con este blog y otros esfuerzos, esto es, creo, lo que pretendo como algo mejor que mi legado, el legado de un amplio grupo de personas que, aunque simples y comunes, han tenido o tuvieron la suerte o la inteligencia de incidir de un modo u otro, directa o indirectamente al menos como testigos, al desarrollo de una historia nacional, me atrevo a decir que incluso mundial como se verá en algunos pasajes o como he descrito y seguiré describiendo en este blog particular y otros asociados.

De Calima, a la fecha, tengo avanzado casi el dieciocho por ciento del primer libro de un total, según mi afán y proyecto, de cuarenta y cinco, más o menos. No sé si la vida me dará el tiempo suficiente para conformar la obra completa, pero estoy determinado a poner todo mi corazón, mi fe y memoria, mi amor en este proyecto y sus derivaciones, las que iré desatando en forma de libros autopublicados para distribuirse impresos, en formato electrónico, quizás audiolibros, tal vez por entregas en el blog dedicado y que ya vinculo en la columna izquierda de este blog.

En Calima, la fantasía y la ciencia ficción son recursos para enmascarar, disfrazar algunos aspectos y personajes de los que, o se me ha pedido discreción, o a falta de certeza en lo narrado he preferido diluir de manera metafórica para no ofender o faltar a la dignidad de los hechos o personas. Sé que, aún así, probablemente incurriré en infidencias por causas involuntarias y por necesidad del proyecto y las tramas, espero que ello no sea causa de volverme un proscrito, para empezar, en mi círculo familiar.

martes, 7 de marzo de 2023

De cuando fui sacerdote por un día


Vi las siguientes entrevistas y se me removieron los recuerdos asociados a mi paso por los escenarios.


A Evelyn Lapuente le escribí estas líneas:

Distinguida y apreciada Evelyn. Tal vez no me recuerde, alguna ocasión la busqué hace muchos años por motivos profesionales, pero también personales habiendo sido amiga de mi madre. Soy José Antonio de la Vega Torres, también conocido por usted como "Pecadito", hijo de María Teresa Torres Pallares o Torres de la Vega (su apellido de casada), de la época cuando estuvieron en el grupo de teatro de Pepe "Perro" Estrada. He visto con gran deleite la entrevista que le hizo Mara Patricia Castañeda, y me da mucho gusto verla tan entera en todo sentidos. Estoy seguro que mi madre ha disfrutado igualmente viendo la entrevista a mi lado, desde el lugar donde ahora se encuentra desde 2009. Verla me ha llenado de gozo, y ha sido como tener a mi madre y sus recuerdos de vuelta, aunque sé bien que siempre está conmigo no solo en el pensamiento sino con sus manifestaciones sobrenaturales. Me pide que le haga extensivos sus saludos y que se siente orgullosa de haber cruzado su vida con una mujer tan valiosa como usted. Abrazo


Don Rafael es un tipazo, un gran compañero. Tuve la gracia de trabajar a su lado muchos años atrás. Yo hacía un bit en la telenovela "Simplemente María", con el personaje del sacerdote que en la primer parte de la historia bautiza a su hijo. Entré porque Verónica Pimstein, que fue mi condiscípula en la universidad me invitó a sabiendas de que yo hacía teatro y además colaboraba gracias a ella en el staff de don Valentín Pimstein como analista literario (me tocó entre otros casos analizar completa la primera versión de "Carrusel" producida por Angelli Nesma). Mi tirada profesional, como alguna vez le comenté a mi también condiscípulo y amigo pero en la prepa, Odiseo Bichir, era la actuación, el guionismo, convertirme en escritor y director de escena. Hoy me pregunto qué fue de mi vida.

Volviendo al punto, en el camino a la locación, la parroquia y convento de Santo Domingo de Guzmán en Mixcoac, pude convivir con parte del elenco, en especial la grandiosa Silvia Derbez. En unos minutos de viaje aprendí tanto de ella. Ya en la parroquia, Beatriz Sheridan me preguntó si era católico (siendo ella judía), si conocía los rituales del bautismo, dije que sí (no mentí, aunque entonces renegado todavía no me definía como agnóstico y por lo mismo no era neófito, pero tampoco ignorante de lo necesario). Me puse el atuendo preparado por vestuario. Al verme el párroco súper amable se opuso a que vistiera de tal modo. Me llevó a la sacristía, me prestó cada prenda de su atuendo original enseñándome a portarlo con dignidad, conociendo cada pieza y su significado: el alba, el cíngulo, la casulla, la estola. Nadie de la producción se opuso o emitió queja. Llegado el momento de la grabación, Beatriz solo me dio tres indicaciones: 1) Tú ya sabes que hacer. 2) No llevas micrófono, no hay diálogo. 3) Marca la acción de la escena en esta posición primero, con toma al centro del altar dando la bendición, luego aquí junto a la pila bautismal. ¿Hecho? ¡No más!

Me concentré muy profesionalmente, al escuchar ¡Dos!, como cue, hice la faramalla mímica de la bendición, diciendo la oración en silencio, solo moviendo los labios (me dije, para qué gastar saliva si no hay micrófono). ¡Corte! ¡Queda! ¡Oh —me dije satisfecho—, a la primera! ¡Palomita! Entonces una voz entre las bancas se alzó: ¡Caray, no nos dijeron que iba a ser misa de mudos!, y estallaron carcajadas plenas en el templo. Rafa Inclán, ocurrente como siempre me hizo la novatada con su comentario chusco. Primero me sentí morir por la mofa, pero enseguida comprendí el compañerismo suyo y de todos. La siguiente toma, vertiendo el agua bendita en la cabeza del bebé, con todos alrededor, me sentí totalmente arropado. Necesitó solo tres tomas de reacción de Victoria Ruffo, Silvia Derbez y otros. Por ahí tengo el clip que pude rescatar hace poco.


Años después me topé con él en la ANDI, en la época que estaba montando Tartufo, lo saludé y le recordé el incidente. Reímos. Igual ni se acordaba y me dio el avión, sin embargo se disculpó si por el asunto me había hecho sentir ridículo. De ninguna manera, le dije, fue una gran lección de compañerismo y humildad, así lo consideré.

jueves, 2 de marzo de 2023

Arqueología familiar y los motivos de un texto


ADEMÁS de en mis blogs, algunos textos los he compartido en otros sitios de terceros o plataformas donde tengo alguna cuenta por motivos académicos, profesionales o personales. Es el caso de mi ensayo "Dos obras, dos autores" que de un tiempo a hoy ha sido objeto de interés de varios lectores, algunos colegas.

Recientemente uno de los sitios donde lo tengo publicado me notificó que uno de los lectores responde al nombre de Ana Orellana González. ¿Qué tiene de relevancia para tocar el tema en este blog familiar? En el mensaje de agradecimiento que le escribí lo expliqué en estos términos, contando unos detalles al margen en razón del apellido Orellana y el origen del texto.

Arqueología familiar, una teoría

Ocurre que ese trabajo lo escribí cuando yo era profesor en la Universidad Iberoamericana (1996-2000), en la carrera de Comunicación y para publicarlo entre las colaboraciones para el Simposio Generación McLuhan organizado por mi querido colega y amigo Octavio Islas y la revista de comunicación Razón y Palabra.

Uno de los motivos detonadores de la idea fue que entonces comencé a investigar más a fondo la biografía de mi familia, su genealogía y sus cruces con la Historia de México, desarrollando la teoría antropológica de que las relaciones de poder se mantienen a lo largo de la Historia con base en las derivaciones de linajes, más allá de lo que suponemos obvio, por ejemplo, al estudiar las monarquías.

Aun cuando hablemos de y parezcan grupos de personas distintas, en el tiempo los linajes configuran las formas como evolucionan y transitan los gobiernos y las élites. Es decir, por ejemplo, mi padre aborreció al presidente Luis Echeverría Álvarez y moriría de nuevo de enterarse que una nieta suya se casó con un Echeverría, y moriría por tercera vez al enterarse de que entre sus líneas ancestrales que pude investigar hay una rama Echeverría, otra Salinas y por el lado de mi madre una lejana relación con López Portillo y con la esposa de Lázaro Cárdenas, la señora Solórzano.

El tránsito actual de un aparente empoderamiento de las llamadas clases bajas, en contraste con las dominantes clases medias antes del final del siglo XX, es en parte fruto en mi hipótesis de este intercambio heredado del poder. No puede pasarse por alto el dato de que hasta mediados del siglo XX muchos de esos grupos con poder, por ejemplo durante la Revolución Mexicana, desperdigaban su simiente de manera literal en la conformación de familias legales o marginales a lo largo y ancho de México y otros países. La dispersión genética y genealógica permite explicar esta "movilidad" de las relaciones de poder aparentemente diluidas por el contexto.

En otras palabras, si ayer un Chucho Pérez fue rey, sus descendientes, en mayor o menor medida y en sus respectivos contextos, tendrán más o menos mayor grado de influencia económica, social, política, cultural o hasta moral sobre sus congéneres, ocupando posiciones de relativo poder "heredado", repitiendo y redundando en cierta medida sobre conceptos y maneras de ejercerlo y transmitirlo. Ello no se opone, sin embargo, y hasta justifica el surgimiento y la alternancia en el poder de grupos e individuos en apariencia no favorecidos por la herencia dinástica, pero que en realidad en su genealogía y genética incluyen al menos un probable dato o factor que explica su reacomodo, ya llenando un vacío de poder en su ámbito o a modo de vindicación premeditada (cuando el actor tiene conocimiento de sus antecedentes) o fortuita.

La anterior propuesta teórica cruza, rebasa y da sentido a la teoría de las Constelaciones Familiares y también aporta un punto de vista diferente sobre los principios de la genealogía y la heráldica, con base en la genética y la interculturalidad.

Tristemente, cuando esta teoría la expuse ante mis pares comunicólogos me convirtió en el hazmerreír del gremio y motivó que optara por investigar al margen de las expectativas académicas, a veces tan obtusas, acartonadas y cretinas.

De la teoría a la práctica, un caso y no mera coincidencia

En el proceso de mis investigaciones y lucubraciones, ahí en la universidad conocí a una señora que trabajaba, creo recordar, en la biblioteca y se apellidaba Orellana. En la misma universidad trabajaba también como profesor y miembro del coro de Bellas Artes, el tío y arquitecto Manuel Bustamante Acuña.

Platicando con mi madre saltó una historia oculta. Ella era hija natural, lo que la moralidad califica de bastarda. Su verdadero padre era un periodista y no aquel agente viajero del cual llevaba su apellido y fuera padre de sus hermanos mayores. Ese periodista se llamaba Adrián Castillo Orellana, oaxaqueño que escribía para el periódico Excelsior con el seudónimo de "Júbilo Castillo" allá por los años veinte a treinta. Era primo del actor, guionista y director de cine Carlos Orellana, padre de la señora María Luisa Orellana Villegas, a quien, como ya dije, conocí. El parentesco lo corroboré cuando mi madre habló por teléfono con ella y se organizó una cena entre familias para contar las anécdotas y atar cabos y sumar su genealogía a la que venía yo armando. Después de esa vez no volvió a darse el contacto, una pena.

Por lo que respecta a la rama Bustamante Acuña, me sorprendió descubrir que mi familia está relacionada por vía bastante directa con el pintor paisajista zacatecano José María Velasco.

Sobre estos datos abundaré en otras publicaciones.

Irma Serrano (1933-2023) y mis padres

Foto: Facebook Irma Serrano La Tigresa Oficial segunda parte

AYER FALLECIÓ la controvertida artista y política de origen chiapaneco Irma Serrano. ¿Por qué escribir sobre ella en este blog familiar?  A riesgo de alterar la anécdota narrada por mis padres, así la recuerdo.

Corría el año mil novecientos setenta, tal vez el setenta y dos, creo que durante la presidencia de uno de los amigos de papá, Víctor Manuel Nájera Castro "Piolín". El dato preciso se me escapa de la memoria. Era mediados de diciembre. La Asociación Nacional de la Publicidad (A.N.P.) de la que mi padre fue presidente (1961-1963) celebró una de sus ya acostumbradas posadas navideñas. Al festejo asistieron los socios con sus esposas, y una de las artistas contratadas para amenizar la fiesta fue la que entonces causaba sensación: Irma Serrano, guapa, atrevida, con esos divinos ojos verde ambarinos de mirada hechicera y fulminante como la que he imaginado para Mármara Afrodakis, el personaje femenino protagónico de uno de los libros de mi serie de novelas cuasi saga Calima que me encuentro redactando, próximo a publicar y que incluye así sea en forma de escenas de ficción la biografía de mi familia y de la que este blog es raíz.

Los señores estaban fascinados con la presencia y la actuación de la polémica Irma Serrano "La Tigresa" solo un año menor que mi madre. La artista se paseaba contoneando sus atractivas formas delineadas sobre el escenario, mostrando su torneadas bazas apenas cubiertas con una falda diminuta que revolucionaba el estilo del vestuario ranchero, y la volvía todo un símbolo sexual de valía inalcanzable salvo para algún ex presidente como Gustavo Díaz Ordaz o aquellos hombres sobre quienes ella y solo ella, "come hombres", echaba el ojo.

Pues ahí estaban mi papá y mi mamá. Mientras los señores animaban a mi padre a acercarse al escenario para entregar un ramo de flores a la cantante, las señoras se sentían ofendidas por el comportamiento de sus maridos y los desplantes de la siempre provocadora y provocativa Tigresa.

Mi madre no podía ocultar su descontento, su desagrado y su rostro lucía un gesto de repugnancia. El diminuto vestuario de la cantante vernácula y actriz de cine, la que años después sería empresaria teatral rescatadora del Teatro Virginia Fábregas en el centro de la Ciudad de México y al que llamó Frú Frú, dejaba muy poco a la imaginación de los hombres que descargaban sus ansias de casanovas en mi padre, siempre objeto de sus bromas pesadas y burlas que él capoteaba como si nada.

La cantante, atenta a ese comportamiento masculino se aproximó al proscenio. La mesa donde estaban sentados mis padres y sus amistades estaba allí, al alcance de la mano. Dándose cuenta también de la elocuente expresión facial de mi madre, Irma Serrano, se envalentonó y bronca como era determinó darles un estate quieto a ellos y un quítate que ahí te voy a ellas aprovechando la pausa discursiva durante uno de los puentes musicales del tema que le diera más fama, "La Martina". Justo al decir: "¡Ay, muchachitos, por qué son tan incomprensivos? Las mujeres también tenemos derecho", La Tigresa agregó enfática y mirando fíjamente a mi madre: "¿Verdad, señora?". Mi madre cambió su semblante, avergonzada, los señores fingieron demencia al son de las carcajadas y mi padre no se dio por aludido.





miércoles, 31 de agosto de 2022

La mancha de Gorbachov

 


Sé que lo que diré les parecerá un exceso hasta esquizofrénico de mi parte, pero la evidencia no puede dejarme mentir. La reciente muerte de Michail Gorbachov nos rosa a nosotros como familia entre las pérdidas.

 ¿Por qué? El lunar rojo en la calva de Gorbachov es un indicativo del lejanísimo parentesco con nosotros. Lo explico.

Ese lunar rojo del tipo "nevo congénito melanocítico gigante", por lo común benigno según los estudios dermatológicos existentes, tiene fundamentos genéticos que se replican cada dos o tres generaciones en uno o más individuos pertenecientes a un mismo linaje. En este caso, me refiero al linaje Acuña. La presencia de dichos lunares puede variar de lugar, tamaño, coloración (por lo general rojo o marrón y contextura.

En nuestra familia la Tía Nena de la Villa (hija del tío bisabuelo Maurilio Acuña) heredó una gran mancha de este tipo (melanoma benigno) que enrojecía todo su lado derecho de la cara. En mi caso, tengo una fresa de escaso 1x1 cm en la mejilla izquierda. Son marcas de nacimiento que permiten establecer además la pertenencia e identidad de un individuo con su grupo familiar genético. Hay otro tipo de marcas genéticas, pero en particular y hasta donde se sabe estas en específico parecen pertenecer a un mismo linaje, ramificaciones aparte del mismo. Es decir, igual por ahí conocemos a un individuo del que no imaginamos ser parientes, pero presenta un lunar semejante, entonces, aunque ni esa persona lo sepa lo más seguro es que comparta genes con nosotros. Y esto es muy aparte también de las explicaciones sobre cargas recesiva o dominante de ciertos genes, como el de la coloración de los ojos o del cabello.

De acuerdo con "leyendas" antiguas, uno de los primeros casos en que se menciona una mancha semejante se la asocia ni más ni menos que con el primer rey asturiano Pelayo, quien da origen a los apellidos (Casa) Pelayo, (Casa De) Acuña entre otros. Causa relacionada también con el origen del cabello rojo entre algunos de nosotros que provendría por el lado Acuña, pero también por el lado Pallares. Los ojos verdes y azules, por el lado Acuña; el cabello ralo o escaso, por los lados Acuña y De la Vega.

Por ahí, entre mis pesquisas hallé un documento interesante, curioso, que además parecería relacionar la abundancia de vello corporal (hasta el extremo de los llamados licántropos u hombres lobo asociados a la hiperticosis) en líneas emparentadas con la nuestra en España y Francia, y que, por otra parte, inspiraron en mí la creación de mi avatar en Second Life y personaje de novela dentro de mi saga Calima, Alfred Steppenwolf, el decano de todos los hombres lobo en la historia. Claro que esto no nos hace únicos; ni a Gorbachov el tío ganador del Nobel de la Paz, pero son datos que, si alguien con más oportunidad y capacidad se pusiera a investigar a fondo nos dejaría más patidifusos de lo que yo me quedé cuando conocí esta información.





viernes, 11 de marzo de 2022


Un recuerdito... Fui uno de los que te solicitó reacción a esto. Vale decir, para ahondar en el contexto, que la canción "No" originalmente no es de Armando Manzanero. Carlos Lico contó en una entrevista televisiva que vi personalmente (no hallable en formato digital, por desgracia) que durante un viaje a Centro o Suramérica (no recuerdo preciso el dato), quizás Guatemala, Ecuador o Perú, escuchó un bolero que abordaba el tema y le gustó, era un bolero de un compositor desconocido y que, por razones musicales, no estaba logrando colocarse. Es sabido que Lico también era algo compositor, más letrista, y durante el vuelo redactó la letra para afinar la idea gestada por aquel bolero ajeno. Llegando al hotel, por teléfono le leyó la letra a Manzanero para que le hiciera un arreglo pues estaban conformando un álbum para la disquera y faltaba un tema para cerrar el índice del contenido. Manzanero adaptó, modificó e hizo suya la idea para crear "No". Ojalá y se encuentre ese material que reseño, porque sería un gran documento probatorio de la gran colaboración entre estos dos grandes de la música latinoamericana y mundial. Tengo idea, sin afirmarlo, que en un programa que tuvo Armando Manzanero en Canal 40 llegó a relatar la misma versión, confirmando así su autoría sin menoscabo del crédito al cantante.

Aparte, para mí este es un tema estrenado en 1966 que es fundamental en mi vida pues me llena de recuerdos: yo, niño, con tres años de edad, parado ante el televisor haciendo fonomímica "cantando" esta canción y mi madre, hermanas, primas como espectadoras y aplaudiendo al final. Nunca canté ni en público ni en petit comité. Tras la muerte de mi madre me animé a ir con unos amigos a un karaoke y una de las primera canciones que me animé a cantar fue esta, conteniendo el llanto por la reciente pérdida. Una de mis amistades se me acercó y me dijo cuán sorprendida estaba, no imaginaba que yo pudiera cantar de tal modo. Tuve grandes maestros en esos cantantes, buen oído y una afinación poco más que regular. Artísticamente me decanté más por el teatro, la locución, la escritura.



domingo, 6 de febrero de 2022

El mundo es un pañuelo

Puente y torreón de La Encantada, Zacatecas
Dibujo a carboncillo por mi abuela
María de los Ángeles Acuña Galindo,
1924.

SIN DUDA el mundo es un pañuelo donde todos, con nuestras tristezas y alegrías, terminamos tarde o temprano confluyendo y encontrándonos, directa o indirectamente como partes de ese tejido entramado que es la vida.

Lo anterior viene a cuento porque ahora, con mi reciente cumpleaños 59 sucedieron varias reminiscencias, se dieron varios indicios si se quiere casuales que me remontaron a esa idea.

Primero, llegaba a casa y vi a una de mis vecinas, entonces me asaltó el recuerdo de cuando mi madre organizó mi primera fiesta de cumpleaños de "grandes dimensiones" en la nueva casa de La Florida, en Naucalpan, en mi florida Villa de los Girasoles como la he llamado y ha dado pie a la localidad donde ocurren y ocurrirán muchas de las aventuras de mis personajes de la saga Calima bajo el nombre de "La florida villa Sonnenblumendorf". Vi a mi vecina, decía y recordé ese cumpleaños número siete. Nosotros llegamos a ese domicilio dos años antes, seis de octubre de 1968, y era la primera vez que a mi madre se le ocurría invitar a más gente aparte de mis familiares, es decir a nuevos amigos de la escuela y vecinos.

Recuerdo el retrato: suena el timbre, mi madre me dice que acuda a abrir, que seguro es para mí el llamado. Abro la puerta y veo enfrente dos niñas "desconocidas" cargando sendos regalos y su madre detrás.

No supe cómo reaccionar, agradecí y cedí el paso. No eran enteramente desconocidas, lo sé, pero en ese momento cuando apenas tenía trato con ellas las vi ajenas. Por supuesto, fue el comienzo de una amistad vecinal, una hermandad que se extiende hasta hoy.

Pero, también, en este cumpleaños 59 han abundado las referencias al arte y no he podido dejar de lado la influencia que desde los genes impera sobre mí y varios de mis parientes.

Recibir el saludo y felicitación de mi prima Adriana Cervantes de la Vega me remitió a su valiente decisión de dedicarse a vivir de la pintura, y ciertos videos sugeridos por el algoritmo de YouTube reforzaron el tema. Me hicieron pensar no nada más en ella, pero también en el talento plástico que cunde en mi familia por el lado paterno emparentado en un tercer o cuarto grado con José María Velasco, el famoso paisajista mexicano del siglo XIX, por la rama Bustamante Acuña, donde he de mencionar al tío Manuel, primo de mi papá, quien es arquitecto, académico en la Universidad Iberoamericana, barítono del coro de Bellas Artes y ha publicado, entre otras cosas el libro Forma y Espacio: Representación gráfica de la Arquitectura.

Y me vino también a la mente el listado de quienes hemos abrazado de lleno o de pasada, profesionalmente como oficio o como afición las artes y que puedo mencionar hasta donde sé: mi prima Alejandra de la Vega Amador (diseño), Nora Cervantes de la Vega (dibujo y cerámica), Adriana Cervantes de la Vega (pintura), su hija Susana (diseño y fotografía), mi hermana Patricia (baile y dibujo), sus hijos Jolianna (música y canto), Antonio Andrade (literatura); mi primo Edmundo Castellanos (música); mi papá (redacción publicitaria, dibujo y pintura), su hermano, mi tío Víctor (literatura), Javier Pallares (diseño), tía Pita Pallares (pintura y manualidades), mi abuela materna (costura, corte y confección), mi tía Delia Amador (corte y confección, cocina), mi mamá (manualidades, cocina y muy especialmente literatura y teatro), mi prima Gema (manualidades), Silvia Junco (pintura), mi tía Pipi (literatura y periodismo), mi abuela paterna, Ángeles Acuña, (pintura, costura, corte y confección, manualidades), mi hermana Sandra (fotografía y baile). ¿Faltó alguien? ¡Claro! Imposible dejar de mencionar a Thalía Sodi, la famosa actriz y cantante, cuyo parentesco por mi lado materno, aunque algo lejano, es insoslayable igual que sucede con el director musical y arreglista Jorge Neri, el actor, escritor y director cinematográfico Carlos Orellana, mi abuelo materno real Adrián "Júbilo" Castillo, periodista.

Decía yo que el mundo es un pañuelo porque estos llamémosles patrones hereditarios de talentos, aficiones, gustos, ocupaciones, oficios, tendencias parecería repetirse a lo largo de la historia como he podido observar en mis investigaciones acerca de mi familia, pero además parece ser similar a lo que ocurre al interior de otras familias. De aquí es que desarrollé una hipótesis hace años acerca de los legados e influencias que los linajes han tenido en el desarrollo de zonas, regiones, ciudades, países, e incluso más allá de las fronteras. No me cabe duda de que la digamos exportación de de linajes y legados de parentesco consanguíneo y por afinidad ha sido determinante mucho más allá de la conformación de "constelaciones familiares" con incidencia en lo psicológico, lo conductual. Así desarrollé mi teoría de que, así como unas pocas familias —dato comprobable y conocido— dominan, han dominado la economía, ocurre lo mismo con la política e incluso con ciertas habilidades heredadas, tanto para bien como para mal. Y no hablo solo de una transmisión intergeneracional por vía educativa, moral, o solo genética, sino de todo un complejo de rasgos rastreables mediante la genealogía y que, bien leídos, pueden permitir una interpretación más objetiva, menos subjetiva de los motivos detrás de muchos acontecimientos e hitos de la historia.. Lo que sucede también es que eso, por difuminado en la cotidianidad, acaba por perderse en el anecdotario como minucias familiares, específicas, aun cuando sus huellas pudieran haber trascendido por otras vías más cercanas a la institucionalidad y la tradición.

Cuando más o menos expuse semejantes ideas en una conferencia años atrás durante un simposio de comunicólogos colegas, varios de estos y lo diré coloquialmente me tiraron de Lucas, mi tesis era poco interesante. Quizás la forma de exponerla de mi parte le dio al traste, o quizás sonó tan salida de la caja que les resultaba cuando menos extravagante mi propuesta.

Parece que los años, poco a poco, me han ido dando la razón y otros estudiosos han venido explorando ese camino con sus propias deducciones.

La vida nos tiene más coincidencias que certezas. Si por una parte me resultó sorprendente enterarme del parentesco con una figura como José María Velasco, más me sorprendió saber mucho tiempo después de mi paso por la preparatoria y, sin saber, que unos profesores ahí, hermanos, que dirigían el coro donde cantaba mi mejor amiga Yvonne resultarían también medio parientes por esa misma vía del apellido Bustamante al apellidarse ellos Sánchez-Armas, músicos. Me enteré recientemente revisando la genealogía del pintor ya mencionado y, si bien la genealogía en sus cálculos generacionales me indicará mediante un programa que utilizo que no somos parientes (directos), su sola aparición en mi árbol ya me arroja datos acerca de los misteriosos caminos por los que la vida, tarde o temprano, nos junta, así sea para saludar juntos al sol.

domingo, 12 de diciembre de 2021

Acá entre nos



«Mientras me aplaudan, yo seguiré cantando», decía Vicente Fernández fallecido este domingo Día de la Virgen de Guadalupe, santo de mi tía Pipi. En cada concierto esa frase era un acicate a la vez que un reto, tanto a las propias capacidades como a la tolerancia del público que lo admiró y siguió por más de cincuenta años de carrera, aun cuando había comenzado once años antes, en 1960.

La ley del monte, tanto la película —que no es otra más que la segunda versión del filme Historia de un gran amor, de las predilectas de mi Coneja, adaptación de la novela El niño de la bola de Pedro Antonio Calderón y protagonizada en 1942 por el ídolo Jorge Negrete— como la canción tema de 1971hicieron saltar a la fama a Chente y aumentó su popularidad como ha ocurrido a pocos y lo llevó a grabar mucho más que en la penca de un maguey, directamente en los corazones de muchos de nosotros, los nombres de nuestros amores.


Y no faltarán quienes me tachen de snob por referirme al ídolo como "Chente", como si fuera falta de respeto o exceso de confianza. Le digo así tanto como a Gabriel García Márquez le decimos muchos "Gabo" aun no habiéndole conocido de cerca, ser su amigo o familiar. Porque el hipocorístico no es sino el reflejo intimista del afecto que produce alguien en otro, y resulta que ese otro, por virtud de su obra y su presencia directa o indirecta se hace uno mismo, propio, e influye y se instala en el ánimo más personal.

Acá entre nos

Para mi madre y su gusto personal, Chente era su "carnoso", como lo calificaba siguiendo la ocurrencia clasificatoria de mi tía Raquel, prima hermana de mi padre cuando se trataba de señalar a aquellos varones que le resultaban atractivos por uno o más motivos. "Carnosos", porque a sus ojos eran suculentos en su virilidad y se antojaba hincarles el diente como a un buen filete, no por "machos", sino por machos, dicho esto chauvinismos aparte. De ahí que yo a mis musas atléticas, ojiverdes, de figura estilizada, cabellera castaña rojiza, de sensual voluptuosidad, voz ligeramente ronca, las llame a mi vez mis "carnosas", sin que ello implique misoginia.


En el caso de mi madre, no era la relativa galanura tosca del campirano, o la voz aguardentosa, o la potencia de voz lo que la hacía vibrar. Era, como ella explicaba, un conjunto que se sintetizaba en una personalidad. Era, en cierto modo, la encarnación de ese imaginario femenino del varón feo, fuerte, formal que, aun con sus devaneos, es leal y fiel en esencia, cortesano dispuesto a partirse el lomo por su familia, a arrostrar al infierno por su amada idílica o su pueblo, caballero andante en pos  de un ensueño. Puestas las cosas de tal manera, incluso cuestioné si mi papá había caído en esa categoría, aun con su estatura menuda. «Tu papá se cuece aparte; es otra historia», me llegó a decir. Y de ahí también que no viva yo casado ciento por ciento con el ideal de mujer, aunque no ha sido fácil hallar el justo medio que me saque de mi soltería y, ya a estas alturas, cada día se ve más cerca de lo imposible

Y en esto del gusto de ella era más que solo el tema de la voz, sino una apreciación más compleja y, lo hablé muchas veces con ella, tiene que ver con una evolución musical y cómo la industria y los artistas van surgiendo y adaptándose a los gustos del público.

La escuela y educación musicales era distinta en los años de Jorge Negrete y Pedro Infante o Luis Aguilar, como lo fue luego con Javier Solís y José Alfredo Jiménez, (por cierto enamorado de mi abuela) y Cuco Sánchez; no podía ser menos con Juan Gabriel, Vicente Fernández y Antonio Aguilar (junto con Manuel López Ochoa paso intermedio entre la generación de Javier Solís y Chente).

¡Claro que son otra cosa los descendientes! No puede ser el mismo sonido por las mismas razones. Y ocurrió igual con las mujeres, no es igual escuchar a Lucha Reyes, aguardentosa, pituda, potente y sin escuela, que a Lola Beltrán, Lucha Villa (el amor platónico de mi papá), La Tariácuri o Aída Cuevas o Astrid Hadad, por mencionar a unas pocas junto a unos pocos.

Qué de raro tiene, el campo en mi familia

Yo crecí con un especial gusto por la música campirana, ranchera por causa de mi abuelo paterno, zacatecano nacido en El Plateado, y comprendo y respeto lo que dicen algunos sobre la calidad vocal de Vicente Fernández calificándola, por decir lo menos, de estridente cuando no llorosa según si el intérprete, más que cantante solo, echaba todo el chorro de voz o nada más la modulaba atenuándola. En cierto modo puedo acompañar algunas de tales apreciaciones de crítica musical; sin embargo, si a la voz sumamos la personalidad, el alcance, la popularidad, ya no se hace tan fácil emitir un juicio.


Calificar la belleza parte de fundamentos subjetivos, aun cuando podamos argumentar de forma objetiva incluyendo elementos que expliquen, como los que podríamos agregar de orden sociológico alrededor de las causas del surgimiento y la proyección e identificación de las voces de tales celebridades. Pedro Vargas resultaba muy engolado, y aún así hasta Frank Sinatra admiró sus capacidades.

Mientras Negrete, Infante y Solís suponían una imagen romántica del campo, una ficción potente pero aterciopelada de las durezas de la provincia o de la absorción citadina, la voz tosca de Vicente se justificaba por la época en que surgió, mediados de los setentas, cuando la inmigración y la emigración se acentuaron del campo hacia las grandes ciudades y hacia el país vecino al norte, era una voz que conectaba con una dolorosa realidad campesina de abandono, desesperanza y desilusión, porque la repartición agraria había resultado en una falacia para muchos indígenas y jornaleros convertidos en obreros "milusos", porque muchas tierras eran poco fértiles y sin apoyo gubernamental no había manera de hacerlas producir, razón entre muchas por las que parcelarios y ejidatarios optaron por enajenar sus propiedades cediéndolas a la voracidad de inmobiliarias fraccionadoras, haciendo realidad las advertencias que ya en el teatro nos habían hecho Rodolfo Usigli con El Gesticulador o Felipe Santander con El Extensionista.

La de Chente no se trataba nada más de una voz encantadora, subyugante para las féminas. No era solo la del bronco afianzado al machete y la pistola, ni la del lloroso abandonado a los devaneos sórdidos de las cantinas y los lupanares, o la del mariachi extraído del estereotipo cultural.

La voz de Fernández me conecta con aquellos viajes de carretera, cuando nos acompañaba mi abuelo y su mirada se perdía en el panorama como la vista de quien quiere perderse entre los surcos, empolvarse con la tierra olorosa, andar entre las vacas, caballos y demás fauna granjera, sentarse a la sombra de un azufaifo o de un chopo o una higuera y, mordisqueando una pajilla, confundir el pensamiento con el horizonte y los sueños con las traviesas nubes haciendo corrillos en la inmensidad del cielo. Me conecta con mi viejo como a él con el suyo y así hasta el infinito, siguiendo esa genealogía basta de silencio y tiempo.


Lo que hace ídolo a un personaje, ya de ficción o tomado de la realidad como héroe o celebridad, no es la voluntad de un escritor o la visión de negocio de un productor, ni siquiera la fortuna, las aventuras, la fama o la infamia o un decreto presidencial, sino la forma como, críticas y críticos aparte, su esencia trasvasa, permea la capa sutil de la piel que conforma a la sociedad, al pueblo, a cada uno de nosotros dejando cicatrices no en el cuerpo tanto como en el alma, cicatrices que son huellas de que nadie se va del todo ni para siempre.


Y quiero dejar claro que no he pretendido hacer con esta publicación un vulgar obituario múltiple, recordando al recientemente finado intérprete o al hombre, o incluso a mis particulares ausencias y pérdidas familiares. Solo he buscado acariciar el fango de los recuerdos y, en la medida de mis limitaciones traer a cuento al amor de mis amores de la mano versátil de un Chente que además tuvo la sensibilidad de cruzar los géneros sin enlodar las ancas de la libertad interpretativa, amante como era de esos seres miríficos que son los caballos.

Así, este aplauso eterno lo hará demostrar de hoy en adelante la incansable voz que le caracterizaba y, al menos para mis oídos como los de tantos en el mundo, le hará volver, volver, una y otra vez desde, hacia y hasta el corazón. Dice la conseja popular que la muerte siempre viene por tres, del mismo giro, de la misma condición. Esta semana se llevó a la actriz y cantante Carmen Salinas y al ídolo Vicente Fernández, falta uno de la misma extracción y proyección populares. ¿quién será?



lunes, 11 de octubre de 2021

Pay de queso y zarzamora



Recientemente el insigne periodista mexicano Guillermo Ochoa publicó el video que incluyo al calce y que detonó escribir estas líneas sacadas de la memoria familiar que ahora comparto para propios y extraños.

De las primeras películas de Cantinflas, la que se le olvidó es la icónica El signo de la muerte protagonizada con Manuel Medel. Esa escena del teléfono que narra es de El gendarme desconocido (1941)" y el jefe es Rubén "El Chino" Herrera quien, siendo yucateco, no tenía nada de chino.


Me hizo recordar a mi madre, a mi abuela y dos momentos importantes de la biografía familiar. Uno, cuando mi madre fue a pedir ayuda para mi abuela que padecía de una úlcera gástrica muy fuerte y el doctor que la atendía (Dr. Mingram) por sugerencia de algunas amistades acomodadas (mi abuela era portera en una vecindad en la Guerrero) le recetó un tratamiento costoso y lo que mi madre ganaba en Seguros de México era insuficiente. Mi madre esperaba y solicitó un préstamo en efectivo para pagarle con su sueldo, en cambio, Cantinflas le ofreció a mi abuela trabajo de costurera (había trabajado de eso entre otras cosas en sus años mozos, siendo costurera de la Rivas Cacho, en las carpas y teatros de revista, y era tan buena que se la peleaba María Conesa); pero, mi abuela, aunque no era muy mayor, ya no estaba en condiciones de esa clase de trabajo desgastante. Ante los argumentos, Cantinflas se limitó a sacar de la bolsa cincuenta pesos y se los dio a mi madre, ¡que era mucho relativamente! para mediados de la década de los cuarenta (más o menos 1948). No podía dar más en ese momento (porque había otras personas también necesitadas esperando).

Muchos años después, teniendo yo diez, once años de edad, sufrí de otitis y mi madre me llevó a ser atendido por un médico recomendado por su ginecólogo que atendía en el mismo hospital más o menos nuevo: Mocel (para el que entiendo que Cantinflas aportó parte de la inversión) y donde mi tío Lamberto Castellanos gustaba de acudir para hacerse sus chequeos anuales.

En la primera consulta mi madre preguntó al médico su relación con aquél y resultó ser hijo o sobrino, no recuerdo bien. Saliendo del hospital tras la consulta, en la bahía de transporte a la entrada nos paramos junto a Cantinflas que esperaba a su chofer, vestía un abrigo negro de casimir, sus gafas negras, zapatos gris oscuro de gamuza y suela de goma (los "Hush Puppies" estaban poniéndose de moda). Mi madre lo saludó, él contestó con seca cortesía, me miró, abordó su auto y fue todo.

Aunado a este recuerdo siempre está el más cálido: siempre, durante mi tratamiento de la otitis, invariablemente mi madre y yo parábamos en la cafetería del hospital para cenar un café con pay de queso y zarzamora (¡ups!, solo escribir esto último me rasó los ojos de lágrimas y no puedo continuar...).

Ya trabajando yo como corrector de estilo para TVyNovelas, teniendo como jefes directos a Chucho Gallegos, Elizabeth Vargas y Rafael Torres, sucedió la muerte de Cantinflas, yo quería que mi contacto ya narrado pasara a la historia entre las miles de anécdotas que cientos de periodistas iban a narrar en una de las series de publicaciones más sonadas de la historia. Pedí permiso a don Chucho de redactar unos artículos, me dio oportunidad, la falta de espacio y mi estilo impidieron que mis textos fueran publicados, además de ser yo "apenas" un corrector de estilo aunque con más preparación (que me perdonen la falta de humildad) que mis colegas entonces. Por ahí tengo esos textos. Ya los rescataré en alguno de mis blogs, como estoy haciendo con tantas otras cosas que he escrito y aguardan entre cajones y estanterías.)



jueves, 10 de junio de 2021

50 años de una masacre



A 50 años de ocurrida la masacre del 10 de junio de 1971, el "Halconazo del Día de Corpus", traigo a la memoria un episodio de la historia que liga con mi familia. Lo traigo en la forma de video, pues así lo he publicado también en mi otro blog Indicios Metropolitanos, dentro de su canal de YouTube. Se trata de un recuerdo de mi padre que me enorgullece y pone en evidencia el compromiso social que ha caracterizado a mi familia desde siempre.



domingo, 16 de febrero de 2020

Prefacio


(Modificación: 11/Dic/2023).

DECÍA mi tía "Pipi" (Guadalupe Glafira Torres Pallares), hermana de mi madre (María Teresa Torres Pallares), con su acento tabasqueño: "Los años son perros" y debemos aprender a asimilar, asumir, aceptar y cargar sus estragos con dignidad y alegría, aunque no deje de resultarnos una espina en el pundonor de la vanidad.

Mi madre —quien fuera mi ávida lectora, quizá la única fiel—, contraria a los eufemismos del discurso políticamente correcto que empezara a usar el ex presidente Vicente Fox Quezada, diría palabras más o menos: "¡Yo, persona de la tercera edad! ¡Adulto mayor! Al pan, pan; y al vino, vino. Soy vieja, sí y qué, ¡y a mucha honra! Trabajo me ha costado llegar a esta edad aun con todo y sus achaques. A mí no me digan "mamita", "abuelita", díganme ¡Madre!, ¡Abuela!, así, con mayúscula  y que resuene el peso de su significado. Quien se avergüenza de lo que aparenta, se avergüenza de lo que llegó a ser a fuerza de vivir o de dejar de vivir".

Ellas vivieron, de jóvenes, en la pobreza. Mi abuela, su madre, María Luisa Pallares Covarrubias sufrió mucho. Pero, esa es una historia y, mejor, sirva esta publicación solo como una probadita de lo que ya, desde hoy, comienzo a dar forma en el rescate de mis recuerdos y lazos familiares. Las historias de mis ancestros como de mis familiares las registraré aquí tal como recuerdo, grabé, investigué o me contaron directamente o trasmano. Con las distorsiones comprensibles y naturales de la memoria. La historia, al final, la escriben quienes quedan y según percibieron las cosas, los hechos, los dichos; incluso los olvidos y las omisiones. ¡Vaya, hasta las invenciones!

Por eso, de antemano ofrezco disculpas y pido perdón a todos aquellos, vivos o muertos, a quienes mis memorias no hagan aparente y debida justicia, sea con fotografías o palabras. Culpen en todo caso a la individualidad. Porque cada cual rememora de un mismo acontecimiento experimentado junto con otros lo que le resultó emocional e intelectualmente destacable, memorable, espectacular, lo que se quedó grabado, chueco o derecho, parcial o cercano a la totalidad. Se dice de común que cada quien cuenta como le fue en la feria. Así, a riesgo de ser vilipendiado, odiado incluso por propios y un poco menos por ajenos, hago este blog que tiene como finalidad hacer lo que Pablo Neruda: confesar que he vivido, bien o mal, completo o incompleto, pero vivido; y lo que Gabriel García Márquez, reconocer que la vida hay que vivirla para contarla. Estas disculpas, además, se justifican por el hecho y la decisión de hacer de estas memorias, como ha sucedido con otros trabajos y espacios y creaciones mías, públicas. En tiempos cuando los conceptos de lo público, lo privado y lo íntimo están en constante redefinición y no son lo que los abuelos o padres estimaban o suponían, no obstante, yo procuraré tener cuidado de no generar incomodidad, molestia, enojo; pero, adelanto que lo narrado y descrito aquí será en función estricta de lo que recuerdo y sin que ello signifique estar ciento por ciento errado en mi personalísima interpretación de las cosas, las personas y los momentos. Consciente estoy, ya lo dije, que solo poseo un fragmento de la verdad, vista o incluso distorsionada desde mi humilde parcela de realidad, desde mi perspectiva y punto de vista. Cada quien sabe las piedras que carga en el costal, razón por la cual adelanto los pertinentes agradecimientos a aquellos familiares que, conociendo lo que trae el suyo, hayan, han venido o vengan a corregirme la plana. Más que tomarlo como una afrenta, es, ha sido y será una justa aportación que afina, para bien, lo aquí contenido. Así, no extrañe al curioso lector que aquí se asoma que de pronto haya adendos o modificaciones, actualizaciones ya sea en la forma de nuevos textos aclaratorios, en el formato o en franca edición de lo ya escrito, como es el caso de las últimas cinco líneas que ahora pasan tus ojos, añadidas en medio de la pandemia de Covid-19, 28 de abril de 2021.

Carta justificante

No pretendo asentar aquí solo mi autobiografía, la cual dudo que, seguro, a más de uno pueda interesar suficientemente, por no decir que nada. En cambio sí deseo dejar huella de aquello y aquellos que me hicieron ser quien fui, he sido, soy y seré hasta mi última inspiración, con todos mis defectos y virtudes. Y, aunque algunos creen que la gente no cambia, algo que he constatado con los años es que eso no es cierto más que para los obtusos y negados. He podido notar así en mí como en otros que la gente cambia, para empezar y de modo evidente, por arte del tiempo. Evoluciona, quizá con lentitud, de modo casi imperceptible; o involuciona. A veces por amor, a veces por odio, a veces por solidaridad, a veces por arrepentimiento o miedo o rebeldía, etc., ¡qué se yo! El cambio, como la muerte, es la única constante en la existencia, entendido etimológicamente como freno, porque sin el cambio el devenir se desbocaría como los caballos de la carreta, igual que, sin la muerte, la vida no cobra significado. Bien plantea el Libro Tibetano de los Muertos: quien sabe de morir, sabe de vivir.

Lo que encontrarás aquí, pues, amable lector, pariente o no, será una colección más o menos organizada de recuerdos, si es posible ilustrados. No un diario o bitácora exactamente; tampoco un mero álbum o una seca genealogía —aunque estén incluídos en el esfuerzo—. Este es el mejor legado que puedo dejar, el mismo que recibí de quienes amé y he amado.

Al comienzo de la tarea que me trajo aquí, yo pensé catalogar lo delegado, mi herencia en una serie de novelas y cuentos. La idea persiste. He tardado mucho en hacer tal, no por desidia o nostalgia, sino por azares de la vida misma. Mas ya es tiempo de poner manos a la obra con decisión y de modo definitivo. No es un asunto simple, pues las tramas y subtramas de las vidas de los personajes de esta historia tienen tantos cruces que el primer intento topó con nudos, vacíos, recovecos, puertas cerradas, negaciones, secretos, misterios que había que ubicar de forma adecuada para no confundirme, primero yo, y por extensión no hacerlo con quienes siguen estas líneas.

Así, el blog lo iré armando poco a poco, con constancia y, para empezar, en dos grandes raíces que sostienen y nutren los contenidos de mis troncos familiares materno y paterno, y desde los cuales se derivan los ramales más obvios y los más insospechados. La primera obedece a la etiqueta y categoría "La Canasta de Mamá Coneja" y la segunda a "La Casa del Duende Verde". En mis primeros intentos, estas categorías las usé tal cual como títulos de sendos blogs sin concretar demasiado. Hoy, con afán de simplificarme la existencia, poner orden más lógico, coherente y conseguir el interés de los lectores, asunto que no es menor, opté por reducir mis esfuerzos, concentrarlos en una sola plataforma y emplear una organización más básica conforme a las bondades de estas mismas herramientas tecnológicas tan útiles del siglo XXI y para quienes tenemos cierta vocación de amanuense. Estas etiquetas, sin embargo, con el tiempo he decidido que además de referirse a los linajes que representan, incluyan aquellos documentos y apuntes extraídos y capturados desde las libretas y contenedores donde están acopiados textos y otros recuerdos almacenados sin orden específico por mis padres.

Si bien lo deseable es que en la medida de lo posible trate de llevar un orden cronológico, tomando como columna vertebral mi autobiografía, en realidad ese afán no será el determinante. Y esto lo he decidido así recientemente (este apunte lo añado en diciembre de dos mil veintitrés), porque al momento de estarme dedicando a escribir mi saga Calima que tiene entre sus finalidades narrar la historia familiar, he debido dejar que los recuerdos anecdóticos así como las investigaciones genealógicas e históricas marquen el ritmo y el orden, en vez de sujetarme al cartabón de un plan premeditado. Por ello y como ya advertía cuando escribí estas líneas por primera vez, en febrero de dos mil veinte, no se espere demasiada linealidad pues de ahí irán derivándose las distintas historias paralelas y cruzadas, como flash backs, flash forwards, sueños, clips, secuelas o preludios, que en su momento iré identificando empero de manera especial como capítulos o escenas de la misma saga, tentado a seguir el ejemplo de García Márquez y escribir mi propia versión de Cien años de soledad. Tal vez este blog lo sea, toda proporción guardada.

La organización de los contenidos

Nada o mucho me costaba tomar las anécdotas familiares y hacer lo que el premio Nobel de Literatura y otros: crear personajes inspirados en mis parientes y soltar la pluma. Si bien ese es un proyecto de tantos en mi cajón y haciendo ya fila para ver la luz, en algunos casos lo haré por no revelar ciertos hechos que a alguno pudieren resultar vergonzantes o difamatorios o perversos. Lejos estoy de atentar contra los derechos de mi gente, pero también lejos estoy de atentar contra el derecho de mis memorias a ser expuestas del modo como están en mi cabeza y en mi corazón. Sobre todo porque estoy claro de la importancia que mi familia, de un modo u otro, ha tenido en la construcción de mi país, aun cuando sus miembros no han sido del todo partícipes o conscientes de ello.

Nada o mucho me costaba capturar sin orden determinado los papeles de papá y mamá, las notas de mi diario personal, guiarme por las fotografías y películas familiares para narrar de manera desmadejada la biografía de una familia de tantas, que, se verá, no ha sido tan de tantas. Sin embargo, he preferido, reitero, narrar como si novela, aun cuando algunas escenas, episodios, capítulos parezcan desconectados del cuerpo general. Prefiero aquí y así, no cansar ni distraer al lector, pariente o no, con una gigantesca e inacabable novela y, mejor, conformar los equivalentes a compendios de cuentos anecdóticos o, cuando los temas lo permiten, los equivalentes a novelas relativamente cortas y capaces de suscitar el interés, fragmentando los momentos, las épocas, las situaciones que, en conjunto comprenden una y la misma historia: la mía y la de mi familia.

Valga decir que la idea aquí encarnada data de finales del siglo XX, cuando comencé a redactarla sobre las rodillas, allá por 1998. El blog, uno entre varios de mi red y como tal lo comencé hacia 2007 y por eso se hallan artículos de antaño, aun cuando estas líneas las tracé en 2020. En el transcurso he debido tomar distintas decisiones sobre organización, contenido y diseño que hoy ves reflejadas aquí.

El conjunto de las publicaciones organizadas podrá o no dar pie a uno o más libros como imaginé tiempo atrás. Algunas, tomadas de forma aislada serán meros cuentos, barruntos capaces de dar luz sobre los personajes y las situaciones experimentadas por ellos. Algunas más parecerán no tener conexión con el tema que inspira al blog en tanto biografía familiar, por su carácter "periodístico", empero tienen cabida como parte del contexto de los personajes mismos y como distinción de esas categorías y fronteras que hacen lo público, privado e íntimo. Por lo mismo, no escapan a este esfuerzo reflexiones personales acerca de tópicos detonados por la misma memoria, sin pretensiones historicistas o académicas. Esas "lecciones" correrán con sus etiquetas aparte de lo estrictamente familiar, sin dejar de ser del ámbito personal. Postada: un año luego de escribir esto cambio ligeramente mi justificación y anuncio que en definitiva mi esfuerzo caminará abiertamente por dos vías la biográfica y la novelística creando una saga que iré desatando justo aquí, como explicaré en un artículo al respecto dentro del cuerpo de este blog. Una adición que haré y para el efecto sobre todo de la segunda idea será la inclusión de un índice o tabla de contenido que permita seguir la estructura de la saga de manera más ordenada y sencilla, muy aparte de incluir los widgets relativos al archivo del blog y dando a la plantilla de diseño una apariencia más adecuada en la idea de "libro" y también la inclusión de notas aclaratorias como esta absorbidas en el cuerpo general, sin más, y que solo quienes hayan leído la primera versión podrán notar.

Esto no es un desahogo solamente. Esto no es un impulso exhibicionista ni chantaje moral. No es una despedida, como luego se piensa de algunas biografías, sino mejor un saludo. Es, por encima de todo, el asentamiento de la forma como una biografía familiar se inserta en una historia, una genealogía, una sociología, una antropología social y filosófica, una psicología y hasta un ejercicio seudoterapéutico de constelaciones familiares y de biodescodificación neuronal que pinta un mínimo fragmento de México. Es amor puesto a prueba. Es, para bien o mal, guste o no, algo de mi vida.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Nunca es demasiado tarde

Me voy enterando tardíamente, tanto como unos pocos meses, que en abril de este año, un muy querido amigo y compañero de aventuras publicitarias de mi padre, Miguel Hisi Pedroza, publicó sus memorias bajo el título Ni chiripas ni yes-man, de las memorias de un comunicador. La obra, publicada por el Consejo de la Comunicación A.C., conjuga la experiencia de más de 60 años trabajando a favor de la comunicación social y la publicidad.

Miguel Hisi Pedroza presentó su libro , donde comparte sus vivencias y experiencias de una vida dedicada a la publicidad y la comunicación social, en el auditorio Pedro López del museo Franz Mayer, ante profesionales de la comunicación, amigos y familiares.

Al centro, mi padre, José Antonio de la Vega Acuña,
a la sazón presidente de la ANP (1962) y Miguel Hisi Pedroza
entonces articulista de la revista "Atisbos", Coordinador Administrativo
de Prensa de la Mesa Directiva de la ANP y Dir. de Información
del II CLAP  (Congreso Latinoamericano de la Publicidad),
dando indicaciones sobre la logística.
Foto: Archivo VETA Creativa
Con más de 60 años en la industria, Miguel Hisi ha sido pieza fundamental de los organismos más importantes de la industria de la Comunicación: Vicepresidente de la Asociación Nacional de la Publicidad, editor de la revista de la Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad, Académico de Número de la Academia Mexicana de la Comunicación, organismo instituido por el Consejo de la Comunicación; así como su contribución a través de sus publicaciones como la revista Publicosas, y su columna en el periódico El Universal: Publicitis.

Pero sobre todo, Miguel Hisi es conocido y respetado por su gran labor como maestro, siendo mentor de cientos de jóvenes que hoy en día son profesionales de la comunicación, destacando por ser fundador de la carrera de publicista en la Escuela Técnica de Publicidad.

El Lic. Alejandro Grisi, Presidente del Consejo de la Comunicación, señaló el profesionalismo, pasión y entrega con las que Miguel ha desempeñado su labor profesional así como su gran calidad humana. El Lic. Grisi comentó que la edición y publicación de su libro es un reconocimiento por parte del Consejo a su gran trayectoria y contribución a la industria de la comunicación, la cual continuará siendo fuente de inspiración para las futuras generaciones.

Por su parte Hisi Pedroza comentó con emoción que su libro pretende aportar a los jóvenes estudiantes o aficionados de la comunicación social, ejemplos de las buenas y malas prácticas en este ámbito y recordarles que la comunicación eficaz no es cosa de chiripas ni apuestas, sino de conocimiento y experiencia.

El evento contó con la participación de: Lic. Alejandro Grisi, Presidente del Consejo de la Comunicación, Lic. Antonio Delius, Director General de la Revista El Publicista, Lic. Raúl Huitrón, Columnista del periódico Reforma, Don Luis Arrache (también muy cercano amigo de mi padre, desde que trabajaron juntos en el departamento de publicidad de H. Steel), Comisario de la Asociación Nacional de la Publicidad, entre otros. Asimismo, el apoyo del Ing. Raúl Camou Rodríguez, Director General de Isa Corporativo fue muy importante para la realización del evento.

Quepa añadir que Miguel Hisi hace referencia a mi padre en su libro y eso es algo que es necesario agradecer, como también lo es que otro amigo de ambos y también importante personalidad de la comunicación en México, Francisco Ibarra López hiciera lo propio también en sus memorias Historia de un Empresario Mexicano, publicadas en 2010 bajo el sello de editorial Océano.




(Fuente: comunicado de prensa.)

sábado, 28 de noviembre de 2015

Merecido reconocimiento a Francisco Ibarra López

Esta imagen me da mucha emoción. Este reconocimiento de Enrique Peña Nieto dado el 25 de noviembre, durante la tradicional comida organizada por la CIRT, a mi tío Francisco Ibarra López, propietario de Grupo Acir (no es familiar, pero como si lo fuera de tan amigo que fue de mis padres y de tan amigos que fuimos los muchachos Paco, Carmita y Toño en la infancia), me llena de orgullo. No solo es merecido.
A través de este reconocimiento siento (sí, sé que es idea mía) que de forma extensiva se hace un reconocimiento post mortem también a mi padre y a su herencia, y me resulta un acicate para continuar la labor de asentar su legado del cual es extensión en algún modo, por lo menos en la Asociación Nacional de la Publicidad, A.C. de la cual ahora mi tío Paco, tras el fallecimiento de mi padre es el expresidente decano.

Quienes hemos hecho radio no podemos más que reconocer su valía. Mis ojos rebosan lágrimas de felicidad que quisiera compartir con todo Grupo Acir, pero especialmente con mi tía Carmita, Paco, Carmita "chica" y el siempre bueno y tierno Toño. Mi abrazo fraterno hasta ellos, por lo menos así, ya que hacerlo mediante otros canales me es, por lo pronto, algo difícil.

En 2012, un año antes del fallecimiento de mi padre, el gobierno del Distrito Federal entregó un reconocimiento igual. En ese año también la ANP hizo lo propio y pidió a mi padre en su calidad, entonces, de expresidente decano, hacer un breve discurso para homenajear al amigo. Mi padre se negó, no por falta de cariño, sino porque su condición física ya lo tenía en una circunstancia incómoda para él. La ANP le ofreció grabar su mensaje para mi tío Paco, pero mi papá insistió en negarse. Su dolor de la columna vertebral por causa de una vieja lesión y que lo tenía ya postrado en una silla de ruedas le impedía concentrarse, lo tenía de malas. No podía, así, hacer los honores debidos al amigo de tantos años, compañero de aventuras publicitarias. Lo lamentó, por supuesto, pero no quería tampoco "dar lástima". Días antes mi tío Paco le envió un ejemplar de su biografía en la que lo menciona en uno de los capítulos. Acompañó el ejemplar con una carta autógrafa que reproduzco:
Estimado amigo: 

Te envío un cordial saludo y mi libro Historia de un Empresario Mexicano, que narra mi vida, convivencias y experiencias a través de mi desarrollo como ser humano. 

Tú eres parte de mis convivencias y, aunque en el libro no pude mencionara todos, indiscutiblemente las experiencias vividas contigo han sido una gran satisfacción para mí. 

Espero que lo leas y te guste. 

Recibe las seguridades de mi consideración y afecto. 

Firma Francisco Ibarra López 
Atesoro este libro como la primera edición autografiada por el también amigo de mi padre Álvaro Mutis y otros que enriquecen mi biblioteca.

En su libro, Francisco Ibarra menciona (IBARRA López, 2010, pág. 57):
El entonces ejecutivo de Radio Mil continuó siendo un miembro activo de la ANP durante las siguientes administraciones que presidieron, de manera sucesiva, José Luis Lemus Orozco (uno de los directivos de Colgate Palmolive), José Antonio de la Vega y Luis Gallart Valencia. 

En 1962, cuando encabezaba la ANP el señor De la Vega, en Nueva York se celebró la Feria Mundial. Los organizadores de la misma habían invitado a un grupo de dos o tres mexicanos para que fueran a impartir una conferencia. Como la ANP no contaba con presupuesto más que para lo elemental, José Antonio de la Vega dijo a ls agremiados: «El que quiera ir a Nueva York a dar la conferencia que se apunte y pague su viaje». 

«Nos apuntamos mi amigo Francisco Villavicencio [también amigo de mi padre y con quien, junto con otros amigos, incluido Paco, formó un apretado grupo de amigos publicistas]. En Nueva York tuvimos una experiencia increíble: nos trataron de forma muy especial y, aunque nuestro inglés no era muy bueno, nos pudimos desarrollar muy bien, gracias al apoyo y las facilidades que nos dieron. Además de que tuvimos mucho éxito y representamos a México muy bien, nos pasamos cinco días sensacionales en una feria impresionantemente bonita».
En los siguientes párrafos da su sitio a una lista de amigos todos ellos miembros del grupo que, encabezado por mi padre, conformó la generación de la renovación de la ANP: Luis Gallart, Víctor Nájera Castro “Piolín” (como Paco, presidentes enseguida de mi padre), los intelectuales del grupo: José Antonio Menéndez, Miguel Hisi Pedroza, Arrigo Coen Anitúa; Luis Gutiérrez y Jean Domette “El francesito apasionado”. A ellos habría que añadir a Ángel Ladrón de Guevara y a algunos beneficiarios de su herencia grupal, egresados de la Escuela Técnica de la Publicidad creada en el periodo anterior al de mi padre y reforzada durante el suyo con la atinada dirección de Hisi Pedroza: José Clemente Cámara, Heriberto Hatch, entre otros muchos. Mi padre falleció el 17 de agosto de 2013.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Comienzo de la Renovación

A modo de prefacio
El presente artículo redactado en parte por mi padre lo publiqué originalmente el 10 de febrero de 2007, siendo él a la sazón ex presidente decano de la Asociación Nacional de la Publicidad (hoy el título de Decano le corresponde al buen amigo Francisco Ibarra López), cuando el blog obedecía al título "VETA Publicitaria" y tenía como finalidad servir como un vínculo con dicho organismo. Hoy, cuando doy la vuelta al espacio para dedicarlo a mi padre fallecido el 17 de agosto de 2013, lo incluyo en primer término, mejor que cual obituario, como parteaguas y justificación de la nueva línea que desde ahora habrán de seguir los contenidos del blog.

De las publicaciones que prosiguieron a este artículo he dejado solo aquellas más estrechamente relacionadas de alguna manera con mi padre, todas las demás, aun a despecho de la poca o mucha respuesta que pudieran haber despertado, las eliminé por el motivo contrario.

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Memorias de un publicista mexicano

Por José Antonio de la Vega Acuña "El Duende Verde"
Fotos: Archivo VETA Creativa

Previo a y con motivo de la edición del libro para celebrar los 80 años de fundación en México de la Asociación Nacional de la Publicidad (A.N.P.) intitulado 80 años de la Publicidad en México A.N.P., y cuya presentación se verificó el pasado 11 de diciembre de 2006, se me invitó a consignar algunas de las memorias relevantes y que marcaron el destino de la asociación durante el período que fungí como presidente de la misma.

Lo que ahora publico como colaboración para VETA Publicitaria es un apunte mínimo cuya finalidad es servir como complemento a la información contenida en el mencionado libro y que fuese presentado el pasado 11 de diciembre en medio de la modernidad del recinto del Museo Rufino Tamayo.

Choque de trenes generacionales
Se acercaban las elecciones para renovar el consejo directivo de la A.N.P. para el período 1961-1962, a la sazón presidido por José Luis Lemus Orozco. Jóvenes e inquietos como éramos, personalidades como el Lic. Luis Gutiérrez, Luis Gallart, Jean Domette Nicolescu, Antonio Menéndez, Francisco Villavicencio, el suscrito y otros muchos miembros activos decidimos contender, acusando rebeldía ante lo que considerábamos la pasividad e inacción característica de los años y mesas directivas previas por las que habían pasado connotados publicistas de la época como Eduardo Correa, Federico Sánchez Fógarty, José Luis Lemus, Juan Durán y Casahonda, Fernando Bolaños Cacho, Edgar Heymans, por mencionar unos cuantos y que, a nuestro juicio, en vez de darle a la A.N.P. el carácter de una institución unificadora y vigilante de los intereses del gremio publicitario, la habían convertido en una especie de “club social” de amigos cuya sede, aparte de las oficinas administrativas, estaba equipada con mesas de billar, mesas para juego de cartas, etcétera. Entonces se necesitaba sangre nueva —pensábamos—, gente que la renovara y construyera una nueva imagen de la publicidad profesional moderna.


Desde luego que no fue una labor fácil, pues a los ojos de aquellos “monstruos” de la publicidad, reconocidos por una trayectoria larga e intachable, los jóvenes publicistas pujantes no éramos más que un grupo de muchachos inquietos, poco calificados y nada confiables. Seguramente se cuestionaban cómo iban a dejar en tales manos una asociación creada desde 1923, tan entrañable, la decana de las asociaciones profesionales en México. ¿Entregarles la estafeta? ¡Nunca!... Fuimos combatidos aguerridamente por todos los medios casi al grito de: ¡No pasarán!

Abonando el terreno de la revolución publicitaria
Como estrategia de acción, formamos un grupo bien cohesionado al que denominamos ni más ni menos P.R.I. (Publicistas Renovadores de Instituciones) —sin afán específico de efectuar un parangón con el partido político entonces en el poder de la nación—; y, trazamos un programa ambicioso de 10 acciones concretas que incluía darle un fuerte impulso a la imagen de la asociación —su principal capital, como establecen los estatutos—, empezando por hacer una intensa labor de proselitismo y cabildeo con anunciantes, en agencias y medios de comunicación de la época.

Definimos detalladamente plataforma y programa, y los distribuimos profusamente. Desarrollamos pues una verdadera campaña de convencimiento no solo para ser aceptados, sino también para lograr la ampliación de la afiliación de nuevos socios. Así, nuestro proyecto triunfó en unas reñidas elecciones, por primera vez ante la fe de dos notarios públicos, y no obstante la tenaz oposición de la “vieja guardia”, y comenzó la que han dado en llamar “la década renovadora”.

Entonces no existía la profesión de publicista ni menos licenciaturas en mercadotecnia o publicidad, como ahora, si bien ya existía nuestra H. Escuela Técnica de la Publicidad. Por eso, ya instalados como mesa directiva de la asociación, una de nuestras más caras inquietudes era lograr que las autoridades de educación reconocieran a la publicidad como una verdadera actividad profesional calificada, con carácter técnico, y englobada en las ciencias sociales. Tocó así a Miguel Hisi Pedroza iniciar una labor de acercamiento a ciertos contactos en la S.E.P.; labor ardua tras la cual, la misma U.N.A.M. y las nuevas universidades privadas, comenzando con la Universidad Iberoamericana (primera en crear la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación) fueran creando en sus programas las carreras que darían sentido y dirección al quehacer publicitario.

Publicidad mexicana con amplitud de miras
Uno más de los destacados puntos de nuestra plataforma fue la organización del II Congreso Latinoamericano de la Publicidad (C.L.A.P.). El primero se celebró en agosto de 1961, en Sao Paolo, Brasil. La delegación mexicana conformada entre otros por Miguel Hisi Pedroza, Enrique Castillo, Víctor Sarmiento y quien suscribe estas líneas, nos movimos activamente cabildeando durante el evento y logramos que el pleno votara en mayoría para que el II C.L.A.P. se celebrara en México.

Hisi Pedroza fue elemento clave en la definición de la temática, la organización de mesas de trabajo, relatorías y la mecánica general de un evento de esta naturaleza. Entonces él, aparte de su labor como profesor en la U.N.A.M., escribía una columna especializada en el chismorreo y noticias del ambiente de la publicidad, en el semanario Atisbos que editaba don René Capistrán Garza y cuyo gerente era don Rubén Barba Pintor, quien prácticamente dio todo genero de facilidades y el decidido apoyo para beneficio de este compromiso de la A.N.P.

Efectuamos una intensa campaña publicitaria usando los medios impresos. El tema de esta campaña fue: “En Latinoamérica Tenemos Prisa: prisa por ampliar nuestros mercados...”.






Se definió como fecha para el II C.L.A.P. octubre de 1962. Trabajamos a contra reloj. Cada vez veíamos más y más grande el tamaño de la empresa que habíamos acometido y, en cambio, cada vez más disminuido el compromiso de los que, al calor del entusiasmo, aceptaron determinadas comisiones. Así es que al final fuimos pocos quienes hubimos de trabajar de verdad intensamente para abarcar no solo la promoción y organización en México, sino además la promoción en todos los países desde Guatemala hasta Argentina. (A las personas seria y desinteresadamente involucradas, aquí y ahora como entonces, reitero mi agradecimiento: Rosa María Rodríguez, María Aguilar (q.e.p.d.)).

Convocamos a un concurso para el desarrollo del cartel que serviría de estandarte y distintivo del congreso, y sentimos la necesidad imperiosa de que este no fuera únicamente el congreso de la A.N.P., sino por el contrario el congreso de la publicidad nacional. Para ello apuramos que se integrara formalmente al proyecto el Consejo Nacional de la Publicidad, en el que estaban representados los anunciantes y cuyo director entonces era el Lic. Antonio Menéndez. Animamos también al incipiente e informal Grupo de Damas Publicistas, que encabezaba la señora Sánchez Fógarty.


En esa época ya se habían formado la Asociación de Gerentes de Publicidad, la Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad, entre otras organizaciones y, tras invitarlas, constituimos legalmente la Federación Mexicana de la Publicidad para así tener una representación jurídica formal, como ya ocurría con Argentina y Brasil, en la Confederación Latinoamericana de la Publicidad.



De esta manera pudimos celebrar un congreso sólidamente integrado y que representara genuinamente a la publicidad mexicana organizada en un ámbito más amplio como el latinoamericano. Con estas credenciales iniciamos la labor ante las autoridades y entidades gubernamentales. Don Benito Coquet, en aquellos años Director del I.M.S.S., con una gran disposición autorizó el empleo de las instalaciones del novísimo, majestuoso y moderno Edificio de Congresos del Centro Médico recientemente inaugurado; un verdadero centro de convenciones en toda la extensión de la palabra. Aprovechamos la parte inferior del auditorio para organizar la Primera Exposición de la Publicidad Mexicana.

Apuntes para el anecdotario
Don Miguel Alemán Valdez, en su calidad de presidente del Consejo Nacional de Turismo, se entusiasmó con nuestro planteamiento y sencillamente nos gestiono una función especial en Bellas Artes, con el ballet de Amalia Hernández y ¡lo increíble, entonces!: el Alcázar del Castillo de Chapultepec para la celebración de la cena de clausura. O sea que casi cuarenta años antes que el presidente Fox lo hiciera, nosotros utilizamos esa reliquia para cerrar con broche de oro este gran evento de la A.N.P. 

El joven abogado Miguel Alemán Velasco fungió como director del Primer Festival Latinoamericano del Filme Publicitario.

A la inauguración del II C.L.A.P. no podíamos dejar de invitar al presidente de la República, Lic. Adolfo López Mateos. Como es costumbre, tanto la Presidencia como la Secretaría de Gobernación investigaron las filiaciones políticas, ideologías, antecedentes penales, y otras monerías de quienes conformábamos el comité organizador. Eran los tiempos en que “ser de izquierda” se confundía con “ser furibundos comunistas”, “grillos” y Toño Menéndez era bien conocido como hombre de ideas de izquierda. Así que de alguna manera tenían que investigar a fondo no solo para la seguridad del presidente que iba a inaugurar el evento acompañado por importantes funcionarios de su gabinete cuanto a la seguridad de que el apoyo oficial a brindarnos no sería desvirtuado.

Nueva sede de la A.N.P.
Posteriormente al II C.L.A.P. hubo que continuar realizando el resto del ambicioso programa de trabajo. Otro de las aportaciones derivadas de nuestra plataforma consistió en cambiar la sede a un sitio más amplio y exclusivo que el viejo edificio de Bucareli 109 en donde además de la A.N.P., en diferentes pisos, estaban Publicidad Salas (de don Eugenio Salas y Rafael Rivapalacio); Radio Programas de México (de Clemente Serna Martínez) y desde luego la Escuela Técnica de la Publicidad (E.T.P.). Ya entonces, la calle Bucareli, de dos vías e inclusive una línea de tranvías, presentaba problemas de tránsito intenso y dificultades para estacionarse. Así, nos cambiamos a un edificio en el número 162 de la calle Tabasco, en plena colonia Roma, donde arrendamos tres pisos.
El entonces secretario de gobernación, Lic. Gustavo Díaz Ordaz, representando al presidente, develó la placa inaugural; cabe decir que asistió un poco a regañadientes, porque ese día se le juntaron muchos compromisos sociales impuestos por el protocolo, pero a pesar de su fama de agrio, cortante y poco dado a inauguraciones que no fueran oficiales, se comportó de la manera más amable y cordial con todos nosotros, aceptando charlar informalmente unos 15 minutos luego de terminar la ceremonia. Nadie imaginaba entonces que, llegado Díaz Ordaz a la magistratura de la nación, su nombre quedaría inscrito en la historia junto al del nefando Luis Echeverría Álvarez, como terrible represor del pueblo y de la juventud mexicana anhelante de garantías.

Comentario final
En fin, vayan estas líneas como una aportación mínima para la historia de la publicidad en México. Aunque extensas, sólo son una parte, un grano en la arena de los esfuerzos de cientos de nombres dedicados a una noble pero efímera actividad. Estoy seguro que con el libro 80 años de Publicidad en México A.N.P. recientemente publicado, las nuevas generaciones contarán no sólo con una memoria acuciosa y cuidada, sino con la simiente para construir una historia propia y, sobre todo, para recordar que es el empuje de los años mozos lo que posibilita los cambios, favorables o no, en el mundo.

Nosotros hicimos lo propio, en nuestro momento. Publicistas al cabo, nunca tuvimos curiosidad suficiente por asentar el paso de nuestra actividad con el esmero del historiador, y menos de ejercitar la memoria para constancia de los frutos obtenidos. Ahora esa misma generación renovadora, de la que quedamos muy pocos, vemos con preocupación que las nuevas generaciones se vuelven víctimas de su propia desmemoria. La obsolescencia de la idea publicitaria las ha envuelto en el mismo juego de la ingratitud e indiferencia hacia los efectos colaterales de la actividad del publicista. Ser publicista no sólo supone reportar beneficios al cliente, promover productos y marcas, resaltar imágenes. Eso ahora lo entendemos y en este libro se acentúa.